WHAT'S NEW?
  • We are happy to share the Korean edition with you. READ MORE
  • Don’t miss the newest edition – The Chinese manual READ MORE
  • New: Case studies on investigative reporting from the Balkans READ MORE

A veces el periodismo de investigación puede ser riesgoso, en particular en países en los que los temas políticos son sensibles y los periodistas pueden ser arrestados o incluso asesinados. De modo que muchas veces es importante trabajar en forma discreta, si no incluso de manera encubierta. Es responsabilidad del periodista alertar a la fuente sobre los riesgos derivados de la publicación del reportaje, pero también hacerle notar el beneficio para la sociedad y el interés público que supone revelar el entramado. Solo después de haber discutido ambos aspectos puede decirse que la fuente dio su consentimiento informado para ser citada. La fuente debe comprender los riesgos que entraña encontrarse con el periodista, discutir el tema por teléfono o vía correo electrónico.

Hay que poner especial cuidado en discutir temas relacionados con la fuente en lugares en los que lo puedan estar escuchando, especialmente si pueden haber intervenido o pinchado los teléfonos o el correo. Es muy fácil rastrear registros telefónicos y llamadas desde teléfonos celulares o usar señales de rastreo para localizar el teléfono. El aparato debe estar apagado y sin las baterías antes de ir a una reunión que debe ser mantenida en secreto. Los apuntes o grabaciones relacionados con la fuente deben guardarse en un lugar seguro; quizás en casa de un tercero sin conexión con la investigación.

Solo testigos que puedan ser identificados y hablen sin ambigüedades pueden contrarrestar tergiversaciones, mentiras, errores y crímenes de los poderosos. De modo que debe tomarse el tiempo necesario para obtener su testimonio. Aunque no puede forzar a nadie a hablar o dar consentimiento para publicar lo que le dijo. Hay que comprender las razones detrás del titubeo. Una buena pregunta es: ¿qué puede pasar si su nombre sale publicado? A veces la razón es miedo personal: un inmigrante indocumentado teme ser deportado si se da a conocer su identidad; un alto funcionario puede ser despedido o incluso arrestado; la persona con HIV puede sufrir discriminación en su comunidad. Antes de intercambiar cualquier información se debe explicar a la fuente que posiblemente deba darse a conocer su identidad, por lo que se debe acordar cómo va a ocultar su identidad y de qué manera va a hacer referencia a temas como su domicilio, entorno, estatus o género. Es un deber respetar los pedidos de la fuente de tratar cierta información como confidencial, o de que se use sólo para una mejor comprensión del contexto; y debe hacerse que el editor y otros colegas involucrados en la historia también lo comprendan. Si el editor pidiera revelar el nombre de la fuente, debe quedar absolutamente claro que esa información no puede salir de la oficina. Este es el principio más importante que rige las relaciones entre el periodista y su fuente: se dio la palabra a alguien de que no revelará la identidad; hay que cumplir esa promesa, aun a riesgo de sufrir consecuencias. Nunca se debe prometer algo a una fuente por adelantado que no se podrá cumplir: es mejor usar una fuente anónima o confidencial que cargar con la responsabilidad moral de una persona torturada o muerta.

En muchos países los periodistas y editores son torturados para que revelen los nombres de sus fuentes. Y dado que en estos países las violaciones a la ley de medios son materia del derecho penal y no civil, las sentencias pueden hacerse extensivas a sus fuentes de información, y una negativa a revelarlas puede ser considerada obstrucción o desacato, que conllevan una pena privativa de libertad. Por eso hay que evaluar hasta dónde se está dispuesto a proteger una fuente antes de embarcarse en una investigación.

‘Mi peor experiencia como periodista fue el asesinato de una de mis fuentes. Tenía mucha más información que la que me había proporcionado. Aparentemente quería testear la reacción que provocaba con sus testimonios. Si bien pidió ser un testigo con identidad reservada, su entorno no tardó mucho en descubrir quién era y la asesinaron. Quizás para una fuente sea mejor no brindar información con cuentagotas, para que no haya razón para matarla. Aunque también puede arriesgarse a revelar su identidad, de modo que si luego le pasa algo, quede bien claro que fue por haber brindado información. Esta es la otra cara de la protección de fuentes.’

– Sam Sole, Mail & Guardian, Johannesburgo

El deber de proteger a su fuente de posibles peligros es una de las pocas justificaciones para utilizar una fuente anónima en su historia. Fuentes anónimas son difíciles de monitorear, pueden alentar una investigación inexacta y ciertamente hará el reportaje menos creíble. Pero también pueden proveer información de primera mano, desde adentro, confirmaciones importantes o pistas que conduzcan a otras pruebas. La decisión final debe basarse en las circunstancias específicas de la publicación, la fuente y la historia. Se debe llegar a un acuerdo con la fuente acerca de cómo se citará en la historia y presentarla tan explícitamente como sea seguro. “Un científico especialista en medioambiente que trabaja con el Ministerio de Desarrollo Forestal” es mejor que “un científico”, a menos que él o ella sea el único investigador en medioambiente que emplea el ministerio.