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Muchas historias que ponen al descubierto irregularidades comienzan con una filtración. Por ejemplo, un contacto en el departamento de policía conoce un caso de robo de autos en el que se encuentra involucrado el comisario. También ocurre que una exesposa despechada llama al diario al que está suscripta y de- nuncia la evasión impositiva de su exesposo, o que un político le cuenta a un editor amigo sobre una relación inapropiada entre una empresa que se presenta a la licitación pública y un miembro del comité de adjudicación.

Pero esta información puede no ser todo lo que parece. Puede ser una mentira diseñada para tenderle una trampa a alguien. Puede ser una verdad a medias para afectar a otra persona. Y, verdad o no, puede ser el intento de fijar la agenda periodística a usted. Lo primero que tiene que hacer con cualquier pista que se reciba es cuestionarla:

  • >   ¿Es un tema sobre el que se escribiría de no existir el aviso?
  • >   ¿Se trata de un tema que lo apasiona?
  • >   ¿Revela una verdad que afecta verdaderamente el interés público?

Si en el caso del comisario sospechado de estar involucrado en el robo de autos las sospechas se confirman, es hora de empezar con la investigación.


Las dos caras de la corrupción

¿Cómo respondería en el caso del miembro del comité de adjudi- cación de una licitación o del exesposo que evade impuestos? Expo- ner a otras personas supuestamente corruptas puede no tener may- or impacto sobre la justicia social y el interés público en general. Suele ser así en los países en los que la corrupción y la evasión de impuestos son fenómenos sistémicos en las estructuras del Estado y endémicos en la conducta de ciertos sectores sociales. Con frecuen- cia el periodismo responde argumentando que exponer a un mal- hechor hará que otros se lleven un susto y de esta manera habrá un avance en la lucha contra la corrupción. Eso es verdad parcialmente. El peligro de verse expuesto en público puede desalentar a algunos aspirantes a ladrones de guante blanco, y es posible que pueda ahorrarse una modesta suma de dinero. Y como se trata de dinero de los contribuyentes, el público efectivamente tiene derecho a saber. Pero insistir en la exposición de innumerables individuos corruptos ha demostrado tener poco impacto sobre la corrupción sistémica como la que está enquistada en todas las estructuras y transacciones, en algunos casos hasta en las estructuras diseñadas para combatir la corrupción.

Pero el periodismo puede valerse de un caso de corrupción para destacar las falencias del sistema que facilitan la evasión impositiva y el soborno, y conseguir así un mayor impacto. Si el periodismo puede vincular la evasión impositiva con la falta de recursos para hospita- les, pasa a explicar un problema público en lugar de simplemente quejarse. Y si las diferentes fuerzas o partidos declaman la lucha contra la corrupción solo para distraer de sus propias falencias, los lectores estarán alertados sobre los procesos ocultos que influyen en la política.