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Luego de todo ese duro trabajo de investigación que realizó, llegó la hora de pensar en el impacto que habrán de causar las revelaciones. Es el momento de preguntarse: ¿realmente hay historia que vale la pena publicar? Todo depende de cómo se cuenta la historia; la narrativa es lo esencial de un reportaje, más allá de que sea excepcional en los demás aspectos.

Para que la historia realmente llegue a los públicos es imprescindible encontrar cuál es el corazón del reportaje para contarlo con imágenes poderosas. Para captar la atención de los lectores, el galardonado periodista estadounidense Stephen Franklin sugirió “escribir un comienzo muy personal, un comienzo de historia que fije la escena poderosamente. Es importante que solo contenga los datos más esenciales para eso. Irá presentando más adelante todos los detalles. Es esencial presentar los resultados de la investigación de manera honesta, con imágenes que armonicen con la historia, evitando cualquier sensacionalismo. Es esencial ganar la confianza de la audiencia, y eso difícilmente se consiga si el comienzo del relato suena a falso.

Una vez presentada toda la información, el artículo debe concluir con los hallazgos respaldados en hechos. Lo ideal es presentar una prueba contundente – el “revólver humeante”–, que demuestra que la persona en cuestión efectivamente ha cometido el ilícito denunciado. Sin embargo, muchas veces reportajes que parecen convincentes no se comprenden del todo porque sus autores descuidaron la escritura y la forma en la que presentaron las evidencias y al vincularlas entre sí. Para peor, si algunas de las conclusiones carecen de sustento sólido, hasta pueden ser consideradas difamatorias.