Una vez confeccionada la lista de fuentes que pueden proveer la evidencia necesaria, debe decidir qué dato puede servir de prueba para la hipótesis o dar respuestas adecuadas a las preguntas. ¿Será suficiente para probar que la planta potabilizadora ahora hace menos controles de calidad que los que se hacían antes de su privatización? ¿O tendrá que saber cuáles fueron las consecuencias de la menor cantidad de controles? El mejor periodismo de investigación es el que no solo junta evidencia que confirma su hipótesis, sino también evidencia que la contradice. Por ejemplo, un funcionario público que tiene una fortuna privada podría parecer poco atraído a dejarse sobornar por 10.000 dólares. Tomar en cuenta la evidencia en contrario es la mejor forma de evitar caer en la trampa de ver solo lo que desea ver. Es importante que en todo momento de la investigación siga preguntado si la evidencia es confiable y completa, qué tipo y cantidad de fuentes y qué podría invalidar o refutar las pruebas. ¿Qué pruebas exigen ser chequeadas en forma particularmente cuidadosa y detallada? ¿Puede realizarse ese chequeo mientras se esté llevando adelante la investigación?

Atención con la noción de prueba. Es muy raro encontrar una prueba absoluta de algo – la “pistola humeante”, como se le dice. En algunos casos la evidencia recogida solo será suficiente para especular qué hipótesis es correcta. Es una diferencia similar a la que existe entre las acusaciones penales, que requieren pruebas “más allá de toda duda razonable”, y los casos civiles, que solo requieren una “prueba de probabilidad prevalente”. Siempre que la versión final deje en claro que lo que se está presentando es una prueba o una probabilidad, igual podrá haber una historia, aun sin una prueba irrefutable. Pero deberá tener mucho cuidado con cómo se presenta.