Algunas veces, leer sobre el tema que está investigando puede conducirlo hasta delatores, empleados descontentos que tienen trapitos sucios para sacar a relucir de su organización. Algunas compañías, organizaciones y reparticiones gubernamentales tienen mecanismos para que los empleados canalicen denuncias y críticas. Pero para usar esa información hay que verificar que el informante sea genuino y pueda sostener publicannebte esa denuncia.

Los contactos más útiles son aquellos dentro de una organización que le ahorran los dilemas morales y riesgos que significa trabajar en forma encubierta. Los porteros (gatekeepers) muchas veces son literalmente eso: secretarias, recepcionistas
y personas de seguridad que facilitan el ingreso y saben quién entra y quién sale. Es un error prestar atención solo a los empleados de alto rango, ya que hay que establecer buenas relaciones profesionales con todos. Los porteros también juegan un rol simbólico: controlan el acceso a la información más que el ingreso físico, pero muchos como empleados de bancos, departamentos de créditos o entidades gubernamentales firmaron acuerdos de confidencialidad que los compromete a no revelar información. Hay que manejar con criterio y discreción las relaciones con ellos, y proteger sus identidades hasta donde sea posible.

En cualquier investigación resulta siempre muy útil preguntarse “¿quién posee tal o cual información?”. A menudo, una información tiene múltiples fuentes: si el Ministerio de Salud se niega a darle un documento, puede ser que otro organismo
oficial tenga acceso al mismo documento; por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) o una ONG que se dedica al mismo tema, o un investigador universitario que trabaja en este campo o un miembro de una subcomisión parlamentaria para asuntos de la salud dispuesto a colaborar. Los supervisores son contactos internos que quizás no tengan información sobre temas sensibles pero que le pueden decir quién es quién en la organización, quién es importante y quién toma las decisiones.

Los facilitadores (door-openers) son personas influyentes, que si creen que su trabajo vale la pena, pueden persuadir a otros de hablar con el periodista. Los facilitadores pueden ser funcionarios de trayectoria o no pero en puestos claves en una organización o un grupo social. A veces son líderes comunitarios. En cualquier caso, son las personas que habilitan a otros a hablar con el periodista, por lo que son fundamentales.